Una mano llena de preguntas

Señoría, ¡No hay más preguntas!

La empleabilidad de las personas maduras es algo de lo que se habla mucho en la calle, se debate asiduamente en las redes sociales. Para algunos el encontrar trabajo pasados los 50 es tarea imposible, otros la tildan de hercúlea pero viable, y algunos más niegan que exista una dificultad especial, sólo es cuestión de intentarlo. Lo que sigue es una historia real.

Oviedo, diciembre de 2.009 y enero de 2.010. A lo largo de cuatro fines de semana se imparte un cursillo para directivos en desempleo. Se admitía hasta un 25 % del alumnado que estuviése en activo. El curso lo costeaba íntegramente una entidad local. En Madrid radicaba la empresa encargada de impartir el programa, cuatro experimentados ponentes, cuatro; uno por cada fin de semana. Las sesiones tenían lugar los viernes de 4 a 9 y los sábados de 9 a 2.

El primer fin de semana cae casi al filo con la navidad. El turno le correspondió a uno de los dueños de la empresa capitalina. Hizo grandes esfuerzos por demostrarnos lo bondadoso que era, la calidad humana que emanaba, y su humildad… ¡sobre todo su humildad!

No recuerdo muy bien de qué habló, lo que sí quedó trabajo en mi mente es el hecho que en un momento dado presumiese de cobrar 3.000 euros por dar unas conferencias de unas pocas horas de duración: una tarde y 3.000 euros a la saca. Supongo que pretendía que nos percatásemos del ato nivel de los conocimientos que transmitía y de lo grandioso de su filosofía. Personalmente me pareció un feo detalle contar esas cosas a gente que a causa de la crisis económica, en aquella época en sus primeras fases, se había quedado sin trabajo y en el mejor de los casos se embolsaban 1.200 euros al mes.

Segundo fin de semana, ya metidos en el nuevo año. Una mujer en cuesta abajo de la cuarentena nos cuenta un montón de cosas interesantes. Sugestivas desde luego, pero de alguna forma siento que alejadas de las necesidades de ese público carente de un puesto de trabajo.

Aprovecho el descanso del sábado para intentar tener unos minutos a solas con ella. ¡Lo consigo! Le pregunto casi de soslayo, como el que no tiene nada mejor de lo que hablar, si alguna vez estuvo en situación de desempleo. Tira por las ramas diciendo que cuando empezaba trabajaba mucho, cobraba poco y le costaba llegar a final de mes. No me queda otra posibilidad que matizarle la pregunta, explicarle a qué me refiero exactamente ¿Ha estado Vd. en situación de desempleo teniendo hijos que alimentar y una hipoteca que pagar? Su semblante me dijo que acababa de captar el mensaje… y respondió que NO con el semblante algo desencajado.

Señoría, ¡¡¡NO hay más preguntas!!!

Pájaros incomunicadosTercera semana y tercer ponente: No lo hace mal, aunque parece no haber tomado conciencia de la audiencia que tiene delante.

Sábado de mañana, hora del descanso. Nuevamente me logro quedar a solas con el educante y le realizo la misma pregunta que hace una semana a su compañera. Misma pregunta, misma respuesta y misma cara de “¡Touché!”.

Señoría, ¡¡¡NO hay más preguntas!!!

Cuarta semana, se nos presenta el último de los consultores. La sesión del viernes muy buena. La del sábado antes del descanso mejor aún. En cualquier caso no puedo resistir la tentación de intentar por última vez la sutil encerrona.

Llega la hora del descanso, pero se me escapa la presa y me tengo que quedar con las ganas de formular la ínclita pregunta.

Cuando se reanuda la sesión nos habla de Hellen Keller, de aspectos muy interesante de esta persona. Sobre todo nos habla de resiliencia. Yo cada vez estaba más entusiasmado con lo que oía y me decía a mi mismo que este señor sí que sabía de lo que hablaba, sí que sabía a quién se dirigía, y que lo contaba sí que era de gran interés para el grupo de alumnos que allí se congregaban.

Ya eran más de las dos de la tarde, el curso ya tenía que haber finalizado hacía unos minutos. Esta persona decidió que el último punto de su exposición y por ende el curso fuese un dato autobiográfico, nos dijo: yo he estado un año en el paro y sin cobrar el subsidio de desempleo por un error administrativo. ¡¡¡Realmente empatizaba con el grupo!!!

Vamos a hacer un salto en el tiempo y nos situamos en el 2.016.

El desempleo sigue campando por sus respetos y las probabilidades de colocación de los mayores de 40 años son muy escasas, las de los que ya han pasado los 50 casi nulas.

En este ambiente una empresa saca un programa de formación sobre Big Data y en su propaganda garantiza el puesto de trabajo a las personas que cursen dicho programa. Por 160 horas de formación piden la insignificante cantidad de 9.000 euros, 7.500 si de paga todo por adelantado. Recalquemos que además de la formación garantizan la salida laboral; piden que se envíe curriculum.

Envío mi historial profesional y de paso les hago una preguntilla sencillita: ¿Me aseguran a mí también el puesto de trabajo que prometen en su propaganda? Me responden que en mis circunstancias (tengo más de 50 años) NO me lo pueden asegurar. He podido conocer personalmente a la dueña y gerente de la empresa que ha promovido este programa; está cerca de los 50 años, tiene buena formación y no ha tenido la desgracia de haber estado nunca en el desempleo.

i-161116-im-nomaspreguntas3Hace unos días esta misma persona publica en LinkedIn un artículo empalagoso dedicado entre otros a los “Quejosos porque decís que sois mayores y no os contratan”. Su empresa conoce la situación de los «mayores quejosos», pero ella simula no estar al tanto.

La historia del cursillo residía en algún rincón perdido de mi mente, pero “por algún motivo” no pude por menos que recordar los momentos vividos con esos compañeros en el paro hace más de 6 años.

Señoría, no me voy a creer sus respuestas así que simplemente ¡¡¡NO hay preguntas!!!

A veces incluso en el sector Big Data la edad es un hándicap, tengo contacto con alguna persona que lo sufre en sus carnes… a veces aquellos que nunca han estado en situación de desempleo no logran entenderlo. ¿Es sólo Big Data y el desempleo friccional?

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