Enseñar… ¿es por ejemplo?

El método de enseñanza «Learning by doing» se está poniendo de moda; yo me he topado con él en varias ocasiones en los últimos tiempos. Esta metodología tiende a provocarme gran desazón y lo cierto es que me cuesta discernir si es su esencia lo que me inquieta o si lo que ocurre es que se la ha sacado de contexto.

 

  Encajando                The decision

La definen cono una «innovadora metodología» basada en estudio de casos, básicamente se asienta en ejemplos. Nótese que se llama «Learning by doing» y NO teaching by doing. Sobre este punto volveremos más tarde.

La situación paradigmática con este sistema es que los ínclitos ejemplos ya desde el primer momento se convertirán en los reyes absolutos de la formación. Algunas veces entran en escena tras una explicación teórica extremadamente parca, en otros casos se abre el telón y ahí nos los encontramos, sin ningún tipo de «obertura» que nos introduzca la obra dramática a la que nos enfrentaremos.

Puestos en esta situación no puedo por menos que acordarme de mis años de colegial.

En aquellos tiempos el drama típicamente se iniciaba cuando el educador «sacaba a la palestra» a alguno de nosotros. El profesor daba el primer golpe preguntando cosas del estilo ¡defíneme la pre-historia!, ¡concepto de ecuación! ó ¿qué es una oración subordinada? En no pocos casos empezábamos con aquello de… una ecuación «es por ejemplo…», una oración subordinada «es por ejemplo» o la pre-historia «es por ejemplo». El que esto hacía justo acababa de adentrarse en el valle de la muerte y sin billete de retorno. En el mejor de los casos la víctima de turno se volvía al pupitre con una nota tan escasa como las exposición teórica previa del «learning by doing». En otras ocasiones la travesía a su asiento iba precedida de una intensa y metódica indagación por parte del profe para determinar el grado de ignorancia del educando…¡¡¡toda una agonía!!! El claustro en acción colaborativa logró grabar a fuego en mi mente que eso de «[…] es por ejemplo […]» es una mala idea. ¿Hasta hoy?

Por lo visto algunas empresas abrazan esta metodología, pero en su caso tienen buenos motivos. Básicamente consideran más productivo el que sean los propios trabajadores los que indagando e indagando se formen a si mismos. Es una alternativa al pago de un formador.

Si vamos por la vía clásica la empresa tendrá que pagar al que imparte los conocimientos, el local donde se realiza la actividad y el tiempo que los empleados dedican a su puesta al día. Nunca tienes la seguridad de que el formador empatice con tu equipo.

Si son los propios trabajadores lo que tienen que auto-formarse desaparece el riesgo de la falta de conexión con el ponente. Aunque es dable que el tiempo dedicado al aprendizaje (learning) sea mayor en este caso que cuando otro enseña (teaching) también es posible que al final considerando todos los gastos implicados con este sistema se ahorre dinero. En cualquier caso es una decisión de la empresa que asume los riesgos inherentes a la misma.

  Learning by Doing!   Learning by Doing!   Learning by Doing!   Learning by Doing!

Actualmente los profesionales cuando queremos aprender algo de alguna forma optamos por «buscarnos la vida» o por pagarnos un curso, seminario o similar que ponga a nuestra disposición los conocimientos que buscamos. La primera opción es más larga pero también más económica. Con la segunda tenemos que rascarnos el bolsillo pero llegaremos antes a nuestro destino.

Lo que finalmente no me acaba de encajar es que yo opte por pagar por la enseñanza (teaching) y el profesor me venga con la metodología del «learning by doing». Es por ejemplo que yo pago por buscarme la vida. ¡¡¡Para ese camino no hacían falta tan innovadoras alforjas!!!

 

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