Excavando la trinchera, dibujo

Big Data desde MI trinchera

Un soldadito estando guarecido en su trinchera y tomando parte de en una gran guerra es dable que tenga una visión muy parcial de la marcha conjunta del conflicto. La información que reciba a buen seguro estará muy sesgada.

Hoy se ha acercado un oficial a nuestra trinchera y nos ha contado cómo va la guerra Big Data.

Entre arenga y arenga este superior jerárquico nos ha hablado de cómo está el campo de batalla, de los terrenos a ocupar, de sus pobladores, de cómo hacerlos acólitos de nuestra causa, y de esos nichos (¡glups!) que sería bueno conquistar.

También nos ha dado su punto de vista sobre los actores en esta guerra: nuestros aliados, nuestros enemigos, las gentes que se alistan a nuestra causa captados por las oficinas de reclutamiento, y de quienes nos proveen de armas, materiales, víveres y otros bienes tan necesarios en nuestras batallitas del día a día.

Los terrenos a conquistar se muestran inconmensurables, cada día aparecen nuevos territorios prácticamente vírgenes, zonas rocosas y también extensas llanuras. En los mentideros casi nadie duda de la existencia de un nuevo “El Dorado” en forma de unos y ceros.

Vasija con OroLas grandes potencias han decidido ir sólo en pos de territorios extensos, llanos y fáciles de ocupar pero sobre todo en los que las riquezas sean cómodas de recoger. Nadie presta atención a las islas ni a los territorios escarpados, nadie se adentra en pequeños valles ni en aquellos sitios donde recolectar tesoros requiera mucho esfuerzo.

Hay quien se pregunta el porqué de no aprovecharse de todas las riquezas, de las grandes y también de las pequeñas. La respuesta es sencilla, a las oficinas de reclutamiento les cuesta encontrar mercenarios suficientemente preparados; luego tampoco hay brazos listos para explotar las riquezas. Ello obliga a concentrarse en los objetivos más prometedores y dejar para tiempo de mayor rivalidad el resto. Los grandes ejércitos apenas tienen que luchar entre ellos.

La épica y grandiosidad que rodea al Big Data ha propiciado la proliferación de numerosos ejércitos diminutos formados por soldados de fortuna escasamente equipados. Estos batallones casi enanos les cuesta llegar al tamaño mínimo necesario para explotar tan magnas riquezas. A menudo los mercenarios vagan de ejército en ejército buscando incrementar sus beneficios.

Las batallas más intensas son más de tipo sicológico que con fuego real. Se libran entre las oficinas de reclutamiento pues lo que parece escasear verdaderamente son los guerreros y cada uno que se consigue es un triunfo asimilable a los que se logran en la tierra del fuego. Los soldados por convicción se han convertido en rara avis.

También están proliferando campos de entrenamiento que ofrecen sus servicios al mejor postor. Parece ser que la instrucción que reciben los reclutas en muchos casos no está alineada con las verdaderas necesidades del campo de batalla.

Saltando la trincheraYo sigo en mi trinchera, la guerra puede ser mundial, la información puede estar muy sesgada. El horizonte que ven mis ojos no suele extenderse más allá del borde de mi agujero. No sé si es cierto o no todo lo anterior; en cualquier caso, así nos lo ha contado el hombre de los galones y así lo transcribo en mi diario.

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